Sullivan

sábado, octubre 07, 2006

Capitulo 3

La torre vidriada
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Diana Costas transmitìa precisiòn en sus actos desde lo gestual lo que a primera vista creaba en el espectador una ilusiòn de lejanìa y poca sensualidad.
Sus rasgos afilados enmarcados por el pelo muy negro sujeto por detras de la nuca la convertìan casi en una esfinge. Concentrada sobre la pantalla de la notebook las luces maquillaban la piel con un cambio permanente de matices y por momentos acentuaban el reflejo de sus ojos que de por sì era naturalmente intenso.
La ilusiòn se desvanecìa en los momentos en que ella caminaba de un lado a otro de la oficina. Aparecìan mechas de dòciles cabellos sueltos que ondeaban con el movimiento, el gesto duro se relajaba con una sonrisa y su silueta se recortaba sobre la vista del Rìo de la Plata que podìa apreciarse al fondo, surcada por barcos de carga y grupos de veleros que desde el piso 20 de la torre vidriada se apreciaban con claridad.
Diana coordinaba todo el proyecto artìstico de Cristian y no sabìa absolutamente nada sobre los avatares de la producciòn de los perfumes M'Bour, salvo por comentarios que èl le hacìa de vez en cuando. Su àmbito especìfico de acciòn era amplio y abarcaba desde el trajìn con los programadores de la pàgina web que no podìa tener errores ya que funcionaba ademàs de sala de exposiciòn virtual como contrato detallado de condiciones de adquisiciòn para los coleccionistas, pasando tambièn sus obligaciones por encargarse de las reservas hoteleras donde se alojarìan las personas, controlar los depòsitos de dinero que se recibìan, y finalmente realizar el balance final de la subasta. Ademàs, claro està, de ocuparse de las formas de envìo de las piezas vendidas a los diferentes paìses del mundo y aseguràndose que llegasen sin problemas a destino. Era experta en comercio exterior y conocìa a la perfecciòn los enigmàticos canales de la burocracia aduanera internacional.
Ese Viernes la invadìa el orgullo y la satisfacciòn le producìa un cosquilleo inquietante en el cuerpo. Estaba feliz de haber confirmado el cierre de la subasta on-line cuando la ùltima de las piezas fue adquirida por la mujer de Iquitos. El valor pagado por el ùltimo de los fragmentos escultòricos habìa superado las expectativas. La mujer peruana habìa depositado en la cuenta de Cristian Figueras los doce mil dòlares acordados con lo cual se completaba la segunda etapa, distribuciòn total de la obra. En este caso, al igual que en todos los demàs, la cifra incluìa los pasajes y la estadìa en la ciudad brasileña de Fortaleza a fin de que los coleccionistas se reunieran para participar del ensamblado de la obra y de otras actividades. La fecha estaba fijada para los primeros dìas de Septiembre. El lugar, un hotel junto a las playas. La duraciòn del encuentro estaba planeada en cuatro dìas en los cuales a demàs de la performance se darìan dos conferencias sobre arte contemporàneo y ùltimas tendencias dictadas por un filòsofo y crìtico de arte. Cerraba el evento una celebraciòn con los integrantes del heterogèneo grupo de coleccionistas.
Diana tomò el telèfono sin perder tiempo.
- Hola Cristian, tengo excelentes noticias. La subasta cerrò con èxito, increìblemente en tiempo y forma con lo cual estamos viajando a Brasil con todo vendido- informò ella con voz resuelta.
- Felicitaciones Diana. Que las cosas hallan salido de este modo se debe a tu gran capacidad para organizar y no me parece para nada increìble que esta vez hallamos vendido la totalidad. Creo que mejoramos en base a los desaciertos de la subasta anterior, eso yambièn es un logro tuyo- asegurò Cristian conforme con los resultados.
- Gracias, no te quites mèrito- agregò ella.-Superaste la cifra que calculamos ¿Pudiste leer mi informe de hace una hora?
-Si, si. Eso fue realmente gratificante- respondiò Cristian sosteniendo la impresiòn del correo electrònico en donde figuraba el balance final.
La estadìstica dejaba ver la suma total por la venta de los cincuenta y tres fragmentos vendidos, los tres restantes los conservaba èl, graficada por fecha y valores monetarios. La cifra ùltima estaba cercana al medio millòn de dòlares lo que hacìa un promedio de nueve mil por pieza, lo que se consideraba un buen resultado teniendo en cuenta que la base por unidad habìa sido de cinco mil. Otros graficos representaban a los que habìan adquirido desde una sola pieza hasta casos de coleccionistas que se quedaron con diez unidades.
Descontando los gastos del encuentro y los costos operativos quedaba una muy buena diferencia.
- Diana nos vemos en tu oficina para brindar con tu equipo y analizar el viaje. Corto con vos y lo estoy llamando a Marcos para darle la buena nueva. Quedamos el lunes para hablar sobre el tema del M'Bour pero no me aguanto hasta entonces- agregò èl.
- Saludos a nuestro Mèdici contemporàneo. Te esperamos- concluyò Diana con la misma ansiedad que al comienzo de la conversaciòn.
Era comùn en Cristian dejar un lugar libre para el asombro y que las cosas estuviesen saliendo segùn lo previsto era la ocasiòn justa para sentirse asì.