Sullivan

jueves, octubre 19, 2006

La Merced


Cuando uno està repleto de tareas de la oficina, tràmites en las reparticiones gubernamentales, humo de colectivos y de autos, miradas de personas en la memoria retìnica, aceite de comidas ràpidas en los canales del cuerpo, peso extra en los mùsculos, noticieros de tv en las orejas, lecturas de textos que quieren decirnos mucho infructuosamente y de ruidos de los objetos que se convierten en sinfonìas de la ciudad; es bueno llenarse los pulmones con el aire seco aromatizado por las hierbas cordobesas, observar còmo se mecen el verde de hojas en el celeste puro del cielo acariciando las paredes rosadas de la hosterìa, sentir el golpe de los cascos de los caballos sobre el piso de tierra y mirar de vez en cuando al sol. Saber que aunque no lo escuchemos màs allà del caserìo hay un rìo que corre dejando ver las piedras entre los peces.
Es tiempo de pasar por San Marcos Sierras y buscar la hosterìa, entrar en el paisaje por un momento. Oler el pan casero, untarlo con miel de algarrobo y saborearlo todo.
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San Marcos Sierras, Còrdoba, Argentina, Sudamèrica.

lunes, octubre 16, 2006

Capìtulo 4

Amigos de Hong Kong



El señor Chan Yip vendìa ropa en un local pequeño de la calle Lun Fat, en la bulliciosa Hong Kong. Mareas de gente pasaban delante de su vidriera en forma incesante en un caudal que mermaba hasta la mitad solo en las ùltimas horas de la madrugada. Inclusive de noche la actividad no cesaba debido a la cercanìa de la zona de restaurantes y bares en donde se hacìan acuerdos sobre negocios que se cerrarìan durante el dìa y se recuperaban energìas en agradables veladas de cenas y copas.
Esa tarde Chan Yip se habìa avocado a una minuciosa tarea. Entre cliente y cliente se propuso calcular en forma definitiva la cantidad de personas que cruzaban por su campo visual entre los dos maniquìes vestidos con prendas de algodòn blanco y encaje verde. No era la primera vez que intentaba realizar una estadìstica de tales dimensiones aunque la diferencia estaba en que ahora lo harìa solo y por su cuenta. En la oportunidad anterior se habìa puesto de acuerdo con Nick Chai, su vecino de enfrente. En aquel entonces habìan implementado un sistema de sensores que corrìan por debajo de las baldosas de la vereda. Habìan reemplazado una hilera completando la lìnea que iba desde el frente de cada uno de los locales hasta el borde de la calle. Ambos mantenìan una amistad màs allà de lo comercial tal vez porque atendìan rubros diferentes. Nick vendìa indumentaria deportiva, Chan ropa para damas.
El sistema contabilizaba las pisadas de las personas que hacìan presiòn sobre el piso y relizaba un balance que se actualizaba permanentemente en las pantallas de sus computadoras, desglosado en coloridos gràficos diarios, mensuales y anuales. Lo cierto es que a Chan Yip ese muestreo no lo satisfacìa por completo y a veces eran temas de discusiòn que una misma persona atravesara varias veces la lìnea o que la cruzara en diagonal bajando hacia la calle para sumergirse en el enjambre de automòviles, bicicletas y motos o para tomar un taxi. Por el contrario Nick opinaba que todos los transeùntes eran potenciales clientes màs allà del erràtico transitar que pudiesen adoptar y era importante que figurasen en la estadìstica.
Chan Yip habìa optado por realizar su propio conteo aunque fuese trabajoso, sumar parciales y sacar conclusiones. Inclusive llegò a tener en cuenta segundas y terceras variables como si vestìan ropa informal o etiqueta, si los cuerpos eran obesos o delgados, si iban a cabeza descubierta o llevaban algùn sombrero o gorra. Con estos ejercicios visuales èl consideraba, segùn sus propios dichos, que entrenaba su ojo para saber ver buenas prendas.
En otro aspecto de su vida su sensibilidad por la estètica lo habìa convertido en un consumidor de objetos de arte. Su colecciòn de pinturas era importante y en su casa no faltaban las esculturas abstractas. El "Fragmento Nº37, Pieza Texturada" de Cristian Figueras era su tesoro màs reciente y encerraba una fuerte dosis de espectativa que lo mantenìa pensando en posibilidades sobre la totalidad de dicha obra. Esa noche la observò con màs detenimiento que nunca hacièndola girar en sus manos, con la certeza que encajarìa en la parte superior ya que dos de sus caras estaban trabajadas, una de ellas con salientes convexas y la otra con esgrafiados en altorelieve.
Terminò de armar su attachè, similar a los que utilizan los fotògrafos para llevar sus equipos, colocàndola en el centro casi con exagerado cuidado. Agregò el certificado de autenticidad en el bolsillo adjunto para poder pasar sin problemas los controles aduaneros y salìo rumbo al encuentro de Nick Chai quien llevarìa otras dos piezas. En el aviòn beberìan unos tragos para relajarse durante el vuelo.

sábado, octubre 07, 2006

Capitulo 3

La torre vidriada
...
Diana Costas transmitìa precisiòn en sus actos desde lo gestual lo que a primera vista creaba en el espectador una ilusiòn de lejanìa y poca sensualidad.
Sus rasgos afilados enmarcados por el pelo muy negro sujeto por detras de la nuca la convertìan casi en una esfinge. Concentrada sobre la pantalla de la notebook las luces maquillaban la piel con un cambio permanente de matices y por momentos acentuaban el reflejo de sus ojos que de por sì era naturalmente intenso.
La ilusiòn se desvanecìa en los momentos en que ella caminaba de un lado a otro de la oficina. Aparecìan mechas de dòciles cabellos sueltos que ondeaban con el movimiento, el gesto duro se relajaba con una sonrisa y su silueta se recortaba sobre la vista del Rìo de la Plata que podìa apreciarse al fondo, surcada por barcos de carga y grupos de veleros que desde el piso 20 de la torre vidriada se apreciaban con claridad.
Diana coordinaba todo el proyecto artìstico de Cristian y no sabìa absolutamente nada sobre los avatares de la producciòn de los perfumes M'Bour, salvo por comentarios que èl le hacìa de vez en cuando. Su àmbito especìfico de acciòn era amplio y abarcaba desde el trajìn con los programadores de la pàgina web que no podìa tener errores ya que funcionaba ademàs de sala de exposiciòn virtual como contrato detallado de condiciones de adquisiciòn para los coleccionistas, pasando tambièn sus obligaciones por encargarse de las reservas hoteleras donde se alojarìan las personas, controlar los depòsitos de dinero que se recibìan, y finalmente realizar el balance final de la subasta. Ademàs, claro està, de ocuparse de las formas de envìo de las piezas vendidas a los diferentes paìses del mundo y aseguràndose que llegasen sin problemas a destino. Era experta en comercio exterior y conocìa a la perfecciòn los enigmàticos canales de la burocracia aduanera internacional.
Ese Viernes la invadìa el orgullo y la satisfacciòn le producìa un cosquilleo inquietante en el cuerpo. Estaba feliz de haber confirmado el cierre de la subasta on-line cuando la ùltima de las piezas fue adquirida por la mujer de Iquitos. El valor pagado por el ùltimo de los fragmentos escultòricos habìa superado las expectativas. La mujer peruana habìa depositado en la cuenta de Cristian Figueras los doce mil dòlares acordados con lo cual se completaba la segunda etapa, distribuciòn total de la obra. En este caso, al igual que en todos los demàs, la cifra incluìa los pasajes y la estadìa en la ciudad brasileña de Fortaleza a fin de que los coleccionistas se reunieran para participar del ensamblado de la obra y de otras actividades. La fecha estaba fijada para los primeros dìas de Septiembre. El lugar, un hotel junto a las playas. La duraciòn del encuentro estaba planeada en cuatro dìas en los cuales a demàs de la performance se darìan dos conferencias sobre arte contemporàneo y ùltimas tendencias dictadas por un filòsofo y crìtico de arte. Cerraba el evento una celebraciòn con los integrantes del heterogèneo grupo de coleccionistas.
Diana tomò el telèfono sin perder tiempo.
- Hola Cristian, tengo excelentes noticias. La subasta cerrò con èxito, increìblemente en tiempo y forma con lo cual estamos viajando a Brasil con todo vendido- informò ella con voz resuelta.
- Felicitaciones Diana. Que las cosas hallan salido de este modo se debe a tu gran capacidad para organizar y no me parece para nada increìble que esta vez hallamos vendido la totalidad. Creo que mejoramos en base a los desaciertos de la subasta anterior, eso yambièn es un logro tuyo- asegurò Cristian conforme con los resultados.
- Gracias, no te quites mèrito- agregò ella.-Superaste la cifra que calculamos ¿Pudiste leer mi informe de hace una hora?
-Si, si. Eso fue realmente gratificante- respondiò Cristian sosteniendo la impresiòn del correo electrònico en donde figuraba el balance final.
La estadìstica dejaba ver la suma total por la venta de los cincuenta y tres fragmentos vendidos, los tres restantes los conservaba èl, graficada por fecha y valores monetarios. La cifra ùltima estaba cercana al medio millòn de dòlares lo que hacìa un promedio de nueve mil por pieza, lo que se consideraba un buen resultado teniendo en cuenta que la base por unidad habìa sido de cinco mil. Otros graficos representaban a los que habìan adquirido desde una sola pieza hasta casos de coleccionistas que se quedaron con diez unidades.
Descontando los gastos del encuentro y los costos operativos quedaba una muy buena diferencia.
- Diana nos vemos en tu oficina para brindar con tu equipo y analizar el viaje. Corto con vos y lo estoy llamando a Marcos para darle la buena nueva. Quedamos el lunes para hablar sobre el tema del M'Bour pero no me aguanto hasta entonces- agregò èl.
- Saludos a nuestro Mèdici contemporàneo. Te esperamos- concluyò Diana con la misma ansiedad que al comienzo de la conversaciòn.
Era comùn en Cristian dejar un lugar libre para el asombro y que las cosas estuviesen saliendo segùn lo previsto era la ocasiòn justa para sentirse asì.

lunes, octubre 02, 2006

Cuestiòn de orden


Vuelan en bandadas ordenadamente en formaciòn o desparramados, silenciosos encuchando su propio aleteo o alborotando el aire que traspasan haciendo oìr su canto bullicioso a todo el mundo. De formas y colores existen miles de diferencias y los estudiosos continùan clasificàndolos mientras ellos van de acà para allà regidos por su ritmos climàticos y estacionales. Està el que hace su nido con los materiales màs diversos desde el adobe hasta el trenzado de varillas. Saben guarecerse cuando llueve torrencialmente o el sol parte la tierra y cuando mueren por lo comùn no se dejan ver ocultando su morada final de los ojos del hombre a pesar que su poblaciòn se cuenta por millones. Sin embargo los pàjaros en la escala evolutiva vaya a saber en què lugar estan ubicados. Pobres bichos.