Sullivan
miércoles, septiembre 27, 2006
Capìtulo 2
Segunda entrega de la novela "Sin tìtulo" 2006.
Capitulo 2
Encuentro en Brasil
Si algùn sentimiento de culpa podìa haber quedado a posteriori del anàlisis expuesto por Alvarez terminaba de disiparse cafè de por medio con las opiniones de Marcos, quien a pesar de todo se habìa mostrado esperanzado sobre el asunto quitàndole todo peso innecesario a los inconvenientes meramente comerciales.
Si bien era cierto que por un lado se presentaban obtàculos, por el otro la balanza se equilibraba con el hecho de tener ante sus ojos la materializaciòn del M'Bour y la satisfacciòn que eso provocaba en ambos.
Cristian habìa traìdo en su attache uno de los frascos de exquisito diseño realizado en base a ideas propias. Las formas del mismo estaban modeladas de tal manera en el cuerpo de vidrio y en la tapa que respetaban muy lejanamente la estructura de la acacia senegal en particular, ya que es apropiado aclarar habìa reconocidas cerca de 130 especies arbòreas dentro de ese gènero en Africa y en el Cercano Oriente.
-El lanzamiento se pospone por unos meses nada màs asì que dejemos ese tema por ahora- cortò Marcos.- Quiero estar al tanto del encuentro de los coleccionistas o como quieras llamarlos en Fortaleza. ¿Còmo van los preparativos? -preguntò con cierta ansiedad.
-Claro, me olvidaba lo poco que te entusiasman las pàginas web- respondiò Cristian con una sonrisa.- De todos modos te aviso que la actualizè hace unas horas y logrè subir una galerìa de fotos que podrìan interesarte- agregò a continuaciòn generando mayor espectativa en su amigo.
-Prometo ver esas imàgenes al final del dìa cuando llegue a casa- afirmò Marcos.- Me propongo repasar una vez màs el resultado de la subasta. ¿Queda alguna pieza sin comprador?- agregò finalmente.
-Todas tienen dueño. El ùltimo fragmento lo adquiriò ayer una mujer de Iquitos, Perù, cerrando asì la segunda fase: distribuciòn total de la obra- explicò Cristian con un grado tal de felicidad que contagiò a su interlocutor transmitièndole el gesto sonriente.
Esa era la fòrmula tìpica en Cristian, llevar siempre adelante màs de un proyecto a la vez. Y no por si alguno de ellos se caìa, sino como parte de un sistema de desarrollo recìproco y complementario en que las partes distintas se ayudaban, aportando a veces uno èl oxìgeno necesario para que el otro respirara. Habìa comprobado que los resultados eran mejores cuando los proyectos no se desarrollaban en la misma esfera y si uno de ellos se movìa en el plano material con fines lucrativos y econòmicos, el otro podìa circular tranquilamente en el àmbito de la bùsqueda del crecimiento espiritual o del autoconocimiento. Si estos factores se entremezclaban fundièndose en uno solo entonces la satisfacciòn personal era aùn superior.
Capitulo 2
Encuentro en Brasil
Si algùn sentimiento de culpa podìa haber quedado a posteriori del anàlisis expuesto por Alvarez terminaba de disiparse cafè de por medio con las opiniones de Marcos, quien a pesar de todo se habìa mostrado esperanzado sobre el asunto quitàndole todo peso innecesario a los inconvenientes meramente comerciales.
Si bien era cierto que por un lado se presentaban obtàculos, por el otro la balanza se equilibraba con el hecho de tener ante sus ojos la materializaciòn del M'Bour y la satisfacciòn que eso provocaba en ambos.
Cristian habìa traìdo en su attache uno de los frascos de exquisito diseño realizado en base a ideas propias. Las formas del mismo estaban modeladas de tal manera en el cuerpo de vidrio y en la tapa que respetaban muy lejanamente la estructura de la acacia senegal en particular, ya que es apropiado aclarar habìa reconocidas cerca de 130 especies arbòreas dentro de ese gènero en Africa y en el Cercano Oriente.
-El lanzamiento se pospone por unos meses nada màs asì que dejemos ese tema por ahora- cortò Marcos.- Quiero estar al tanto del encuentro de los coleccionistas o como quieras llamarlos en Fortaleza. ¿Còmo van los preparativos? -preguntò con cierta ansiedad.
-Claro, me olvidaba lo poco que te entusiasman las pàginas web- respondiò Cristian con una sonrisa.- De todos modos te aviso que la actualizè hace unas horas y logrè subir una galerìa de fotos que podrìan interesarte- agregò a continuaciòn generando mayor espectativa en su amigo.
-Prometo ver esas imàgenes al final del dìa cuando llegue a casa- afirmò Marcos.- Me propongo repasar una vez màs el resultado de la subasta. ¿Queda alguna pieza sin comprador?- agregò finalmente.
-Todas tienen dueño. El ùltimo fragmento lo adquiriò ayer una mujer de Iquitos, Perù, cerrando asì la segunda fase: distribuciòn total de la obra- explicò Cristian con un grado tal de felicidad que contagiò a su interlocutor transmitièndole el gesto sonriente.
Esa era la fòrmula tìpica en Cristian, llevar siempre adelante màs de un proyecto a la vez. Y no por si alguno de ellos se caìa, sino como parte de un sistema de desarrollo recìproco y complementario en que las partes distintas se ayudaban, aportando a veces uno èl oxìgeno necesario para que el otro respirara. Habìa comprobado que los resultados eran mejores cuando los proyectos no se desarrollaban en la misma esfera y si uno de ellos se movìa en el plano material con fines lucrativos y econòmicos, el otro podìa circular tranquilamente en el àmbito de la bùsqueda del crecimiento espiritual o del autoconocimiento. Si estos factores se entremezclaban fundièndose en uno solo entonces la satisfacciòn personal era aùn superior.
Claro que para estas combinaciones no existìan reglas predeterminadas salvo la pluralidad, y las elecciones estaban sujetas en mayor medida por las ofertas que presentaban los dìas durante el transcurso de las fluctuaciones històricas del paìs, que por cierto no eran pocas ni moderadas. Cristian por lo general acudìa màs a los libros de historia que a los estudios de mercado para sacar conclusiones propias aunque nada era infalible a la hora de las sacudidas financieras, las desregulaciones del comercio exterior, los giros cambiarios y las crisis sociales. Estas ùltimas especialmente lo habìan entrenado en aspectos que desarrollaron su creatividad en una amplia gama de actividades empresariales mantenièndolo alerta para prevenir y manejarse en situaciones cambiantes en las que las reglas del juego que hoy se respetaban podìan dejarse de lado mañana sin mayores consideraciones.
Fue unos meses antes que Cristian en su taller habìa pasado en limpio los borradores de lo que se concretarìa como la segunda de sus esculturas fragmentarias oportunidad en que Marcos Aguada intervendrìa aportando los recursos monetarios, no asì en la primera obra que habìa sido producida enteramente por èl de principio a fin. De ese modo pudo dedicarse a ambas cosas circunscribiendo las dificultades a la resoluciòn de cuestiones operativas y de creaciòn.
La segunda de estas esculturas constaba exactamente de cincuenta y seis piezas de corte ortogonal en la mayorìa de sus caras, salvo las externas que llevaban el relieve de la obra y otros fragmentos internos que eran poliedros regulares completos. Todas las piezas poseìan un sistema de encastre para conformar la estructura completa. La apariencia externa era la del metal con una pàtina de bronce oxidado y reflejos dorados, no asì su peso dado que el material usado estaba logrado en base a un polìmero de elevada dureza y gran liviandad. Esta ùltima caracterìstica habìa sido una prioridad a conseguir en la construcciòn debido a que la tercera fase del proyecto consistìa en reunir a todos los adquirentes de la escultura en algun lugar determinado de Amèrica del Sur para poder ensamblarla y asì descubrir de què se trataba en realidad ya que ninguno de ellos lo sabìa. Una pàgina web mostraba en numerosas galerìas fotogràficas cada una de las piezas por separado desde diversos àngulos y era tambièn el medio por la que se subastaba pero no mostraba la totalidad de la escultura. Los coleccionistas ya conocìan la trayectoria de Cristian Figueras por su participaciòn en bienales y numerosas exposiciones en paìses de America y Europa por lo que sabìan aproximadamente con lo que podìan encontrarse. Marcos estaba interesado en el encuentro dado que era poseedor de tres de los fragmentos externos.
M. Sullivan
martes, septiembre 19, 2006
Capìtulo 1.Novela por entregas
Apartir de hoy irè publicando breves capìtulos de la historia que estoy escribiendo. Pido disculpas de antemano por posibles errores en el texto ya que la forma en que lo desarrollo es bastante directa. Prometo no editar lo ya publicado, salvo en casos de fuerza mayor que den lugar a confusiones en el relato. Estoy en deuda con el tìtulo que aùn no puedo definir.
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Capìtulo 1
Mexican Fino Ultra
La tarde no estaba como para pensar en complicaciones, hacìa calor y la humedad de Buenos Aires se levantaba de las baldosas como una bruma espesa aunque invisible. La conversaciòn que habìa mantenido con el consultor se le adosaba a cualquier idea que se le ocurrìa casi en forma de obseción del mismo modo que se le pegaba la camisa a la espalda mojada. De todos modos Agustìn Alvarez lo habìa afirmado categòricamente: El estudio de mercado concluìa con el resultado poco alentador de que poner en circulaciòn la lìnea de fragancias M'Bour tendrìa probablemente baja aceptaciòn, no debido a la calidad de las mismas sino a cuestiones mediàticas relacionadas con la forma en que las cadenas de medios estaban sacado a la luz el inminente riesgo sobre enfrentamientos gravìsimos en algunos paìses centroafricanos, lo cual de màs estaba decirlo crearìa una asociaciòn desfavorable, una tendencia negativa para el consumo de un producto de esas caracterìsticas que llevase ese nombre, aunque màs no fuera el de una ciudad de un paìs ajeno a esa situaciòn como era Senegal. De todos modos no estaba arrepentido de haber desarrollado en el laboratorio esas fragancias y haber recibido la confianza no solo monetaria sino tambièn cordial de Marcos Aguada, que tenìa la fama bien ganada de saber limar ciertas aristas duras del financiamiento.
El hallazgo de aquellas flores a partir de las cuales sublimarìa meses màs tarde las esencias , se habìa dado en vacaciones en el descanso que se habìa tomado en la ciudad de M`Dour,nadie inventa nada más bien propicia, ocasiòn en que habìa contratado una pequeña residencia turìstica. Claro, como era presumible su instinto para la percepciòn se habìa intensificado en el sereno marco de relax y aire nuevo; fue entonces que lejos del laboratorio cada color de pètalo, tersura de hoja y corteza de àrbol lo atraparon en ese remanso de belleza que calificò superior a experiencias anteriores. Aquella tarde mientras bebìa su grog aguardando la llegada de su compañera senegalesa habìa fijado su atenciòn en dos àrboles del jardìn, dos acacias de variedades distintas que a resguardo de la aridez del suelo del desierto impresionaban allì con todo su esplendor agradecidas del riego sostenido de la mano de los jardineros. Ahora, en medio del caos metòdicamente ordenado del trànsito de Buenos Aires, que hacìa pensar en esa como la ùnica forma de convivencia ciudadana posible, el calor lo envolvìa y le traìa aquel otro calor de su paso por M'Bour junto a la piscina. La gente cruzaba la calle por delante y detras de su auto como siguiendo un trazado de rayas a cebra caprichoso; recordò de pronto el movimiento de las piernas de su amiga y su figura espigada, ondulante como las mismas acacias, atravesando el fondo de vegetaciòn del austero parque y como al dìa siguiente regresò solo a la escena para dar comienzo a una investigaciòn que finalizarìa con la serie de cuatro fragancias. Las palabras de Alvarez insistìan nuevamente en su cabeza con sus cuestiones del marketing, el aire acondicionado no funcionaba y querìa los semàforos en verde para que el aire corriera entre su espalda y el tapizado de cuero. Algo lo tranquilizaba en su caracter y no era la primera vez que uno de sus proyectos sufrìa un giro inesperado, seguramente habìa que dejarlo madurar un tiempo a buen resguardo de los acontecimientos que moldean todas las historias del mundo, y confiaba en que Marcos Aguada coincidiese con su pensamiento aunque esto implicase que su capital quedase inmovilizado. Estacionò cerca de la cafeterìa y lo esperò unos minutos bebiendo el jarrito que llevaba a modo de sello legitimador de su contenido una etiqueta que en letras negras sobre dorado decìa Mexican Fino Ultra . Marcos pidiò lo mismo pero fuerte. Mientras tanto Cristian Figueras lo pondrìa al tanto del estado de su segundo proyecto que ahora pasarìa a cobrar mayor protagonismo.
M. Sullivan
domingo, septiembre 17, 2006
La veta en la piel
El hombre convive con las sensaciones que produce el hecho artìstico desde sus comienzos. Se tienen registros de manifestaciones pictòricas en cavernas del continente europeo que datan desde hace unos 40.000 años, quizas màs y que seguramente cuando Africa tenga el protagonismo que merece dentro de la cultura global que apenas la nombra en voz baja como origen del hombre, saldran a la luz piezas mucho màs antiguas. Quizàs entonces las cuevas de Altamira y Lascaux cedan su lugar en el podio de la cultura occidental a nombres màs sonoros y rìtmicos. Como sea el hombre lleva ese impulso que lo proyecta hacia lo bello tamizàndolo delicadamente a travès de la forma, el color, la voz, los sonidos, la interpretaciòn actoral. Quienes no se adentran demasiado en el tema prefieren sostener que el arte es casi un capricho de unos pocos pero seguramente a la hora de decidir sobre cualquier objeto que acompañe su diario vivir optaran por el que màs les guste, ejerciendo en ese acto bàsico y sencillo de selecciòn el poder del juicio estètico personal. Con certeza no les darà igual escuchar el canto o el grito, observar el salto o la danza, ver el rojo o el azul. Es en ese punto cuando nos encontramos con nuestra veta, siendo receptores del hecho artìstico que nos toca quièn sabe què fibras internas de la emociòn, o bien producièndolo para si mismos y para los demàs. Si estamos creando un espacio para dar lugar al arte de otros, tambièn estamos dentro del campo artìstico, al igual que si somos vectores para la circulaciòn de una obra. Nadie queda afuera del campo cultural y unos no puede existir sin los otros, las escalas de apreciaciòn y producciòn son infinitas y depende de què tanto nos preparemos para ese fenòmeno de la sensibilidad y la comunicaciòn. Podemos llevar la estètica en la ropa, en la materia, en los objetos que nos rodean pero por sobretodo en la epidermis y en el espìritu, interesante conjunciòn que hace a nuestro misterio terrenal.
M.Sullivan
lunes, septiembre 11, 2006

La pintura en la pared
Hoy quiero mirar esa pintura. No se quièn tuvo el impulso creador de poner los colores a dialogar en la tela y tampoco conozco la manera en que lo hizo. ¿Aplicò pigmentos sacados de un pomo o es una imagen fruto de pixeles de computadora? Con solo mirarla se indaga en el mundo fragmentado de su falta de forma y uno se raspa con la corteza de las texturas. Es el 9/11. La imagen llena la pared, parece que se expande y tapa a las otras, pequeñas reproducciones de cuadros que elogian la vida homenajeando la sensualidad de las figuras humanas y la fuerza de la naturaleza. Esa gran tela hoy devora todo el living y las dos torres no se ven mas que en la memoria de lo que el mundo pudo ver aquel aciago dìa en directo una y otra vez. Mañana, como cada 12 de septiembre desde hace cinco años, la pintura regresa casi a su tamaño real. Digo casi, porque hasta el presente jamàs ha vuelto a su tamaño original, y que en la fuerza del deseo tendrìa apenas la dimensiòn de una miniatura.
De chico, cuando la televisiòn era en blanco y negro y los satèlites eran una rareza, cuando surgìa un conflicto entre las personas que me rodeaban, y ese conflicto era sobre todo recurrente, se me ocurrìa alejarme de la escena como el efecto del zoom. Las personas se veìan màs y mas pequeñas, luego las casas, las ciudades los continentes los oceanos y por fin el planeta. Entonces el silencio en el espacio, en mi mente, y la infinidad de estrellas brillantes sobre el negro ponìan de manifiesto el absurdo de no saber pasarla bien en ese breve instante que es la vida. Volvìa a la realidad un poco màs tranquilo, creyendo haber entendido un mìnimo pàrrafo del libro infinito del arte de conocer la vida, sabiendo que acostumbrarse al horror no formaba parte del mismo.
M.Sullivan
sábado, septiembre 09, 2006
El Blog de Sullivan
Espacio dedicado al arte de conocer el mundo.
Hoy presentamos el caso del Yaguar
Segùn el diccionario enciclopèdico ilustrado sopena el yaguar es un mamìfero de Amèrica perteneciente a la familia de los fèlidos, semejante a la pantera. Segùn algunas personas que pueden o no ser lectores del sopena, es un automòvil de alta gama con la diferencia que la y cambia por una j, manteniendo de todos modos su pronunciaciòn: jaguar. En su forma de animal tambien se lo conoce con el nombre de onza y cientìficamente lo llaman Felis onza. Como sea el yaguar animal es bastante entendido en el arte de conocer el mundo, al menos el suyo propio. Habita en los bosques que bordean los rìos y torrentes, caza de noche y es un animal muy temible, pero no es solo por esto que podemos inferir que conoce su mundo. El yaguar auto se le parece en su andar. Ambos pueden pasar de los movimientos serenos y cadenciosos en el acecho a la reacciòn nerviosa y precisa en la movilidad para llegar veloces a su objetivo. El auto lleva las manchas que el animal tiene en la piel en las vetas de la madera de raiz que recubre el torpedo y los tableros del instrumental, y es manejado por el hombre que conoce poco de su mundo. Sin embargo no sabemos quien maneja al yaguar animal quièn no necesita mas que lo puesto para llevar su vida de comienzo a fin, como tampoco la manera en que desarrollò sus manchas que lo camuflan en la vegetaciòn y que amedrentan a los que no somos yaguar como si fueran cientos de ojos que fijan la mirada en nuestro subconciente.
El hombre sabe de la existencia del animal y el yaguar ignora la existencia del hombre, quien luego de miles de años de evoluciòn creò el auto que lleva su nombre y que lo maneja por las autopistas no tan bien como los impulsos que lo llevan por ejemplo a permanecer en guerra y en hambrunas en todos y cada uno los continentes del planeta y ademàs, sin comprender las razones del porquè.
M. Sullivan
BIENVENIDOS AL BLOG!

Espacio dedicado al arte de conocer el mundo.
Hoy presentamos el caso del Yaguar
Segùn el diccionario enciclopèdico ilustrado sopena el yaguar es un mamìfero de Amèrica perteneciente a la familia de los fèlidos, semejante a la pantera. Segùn algunas personas que pueden o no ser lectores del sopena, es un automòvil de alta gama con la diferencia que la y cambia por una j, manteniendo de todos modos su pronunciaciòn: jaguar. En su forma de animal tambien se lo conoce con el nombre de onza y cientìficamente lo llaman Felis onza. Como sea el yaguar animal es bastante entendido en el arte de conocer el mundo, al menos el suyo propio. Habita en los bosques que bordean los rìos y torrentes, caza de noche y es un animal muy temible, pero no es solo por esto que podemos inferir que conoce su mundo. El yaguar auto se le parece en su andar. Ambos pueden pasar de los movimientos serenos y cadenciosos en el acecho a la reacciòn nerviosa y precisa en la movilidad para llegar veloces a su objetivo. El auto lleva las manchas que el animal tiene en la piel en las vetas de la madera de raiz que recubre el torpedo y los tableros del instrumental, y es manejado por el hombre que conoce poco de su mundo. Sin embargo no sabemos quien maneja al yaguar animal quièn no necesita mas que lo puesto para llevar su vida de comienzo a fin, como tampoco la manera en que desarrollò sus manchas que lo camuflan en la vegetaciòn y que amedrentan a los que no somos yaguar como si fueran cientos de ojos que fijan la mirada en nuestro subconciente.
El hombre sabe de la existencia del animal y el yaguar ignora la existencia del hombre, quien luego de miles de años de evoluciòn creò el auto que lleva su nombre y que lo maneja por las autopistas no tan bien como los impulsos que lo llevan por ejemplo a permanecer en guerra y en hambrunas en todos y cada uno los continentes del planeta y ademàs, sin comprender las razones del porquè.
M. Sullivan
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