Capìtulo 4
Amigos de Hong Kong
El señor Chan Yip vendìa ropa en un local pequeño de la calle Lun Fat, en la bulliciosa Hong Kong. Mareas de gente pasaban delante de su vidriera en forma incesante en un caudal que mermaba hasta la mitad solo en las ùltimas horas de la madrugada. Inclusive de noche la actividad no cesaba debido a la cercanìa de la zona de restaurantes y bares en donde se hacìan acuerdos sobre negocios que se cerrarìan durante el dìa y se recuperaban energìas en agradables veladas de cenas y copas.
Esa tarde Chan Yip se habìa avocado a una minuciosa tarea. Entre cliente y cliente se propuso calcular en forma definitiva la cantidad de personas que cruzaban por su campo visual entre los dos maniquìes vestidos con prendas de algodòn blanco y encaje verde. No era la primera vez que intentaba realizar una estadìstica de tales dimensiones aunque la diferencia estaba en que ahora lo harìa solo y por su cuenta. En la oportunidad anterior se habìa puesto de acuerdo con Nick Chai, su vecino de enfrente. En aquel entonces habìan implementado un sistema de sensores que corrìan por debajo de las baldosas de la vereda. Habìan reemplazado una hilera completando la lìnea que iba desde el frente de cada uno de los locales hasta el borde de la calle. Ambos mantenìan una amistad màs allà de lo comercial tal vez porque atendìan rubros diferentes. Nick vendìa indumentaria deportiva, Chan ropa para damas.
El sistema contabilizaba las pisadas de las personas que hacìan presiòn sobre el piso y relizaba un balance que se actualizaba permanentemente en las pantallas de sus computadoras, desglosado en coloridos gràficos diarios, mensuales y anuales. Lo cierto es que a Chan Yip ese muestreo no lo satisfacìa por completo y a veces eran temas de discusiòn que una misma persona atravesara varias veces la lìnea o que la cruzara en diagonal bajando hacia la calle para sumergirse en el enjambre de automòviles, bicicletas y motos o para tomar un taxi. Por el contrario Nick opinaba que todos los transeùntes eran potenciales clientes màs allà del erràtico transitar que pudiesen adoptar y era importante que figurasen en la estadìstica.
El señor Chan Yip vendìa ropa en un local pequeño de la calle Lun Fat, en la bulliciosa Hong Kong. Mareas de gente pasaban delante de su vidriera en forma incesante en un caudal que mermaba hasta la mitad solo en las ùltimas horas de la madrugada. Inclusive de noche la actividad no cesaba debido a la cercanìa de la zona de restaurantes y bares en donde se hacìan acuerdos sobre negocios que se cerrarìan durante el dìa y se recuperaban energìas en agradables veladas de cenas y copas.
Esa tarde Chan Yip se habìa avocado a una minuciosa tarea. Entre cliente y cliente se propuso calcular en forma definitiva la cantidad de personas que cruzaban por su campo visual entre los dos maniquìes vestidos con prendas de algodòn blanco y encaje verde. No era la primera vez que intentaba realizar una estadìstica de tales dimensiones aunque la diferencia estaba en que ahora lo harìa solo y por su cuenta. En la oportunidad anterior se habìa puesto de acuerdo con Nick Chai, su vecino de enfrente. En aquel entonces habìan implementado un sistema de sensores que corrìan por debajo de las baldosas de la vereda. Habìan reemplazado una hilera completando la lìnea que iba desde el frente de cada uno de los locales hasta el borde de la calle. Ambos mantenìan una amistad màs allà de lo comercial tal vez porque atendìan rubros diferentes. Nick vendìa indumentaria deportiva, Chan ropa para damas.
El sistema contabilizaba las pisadas de las personas que hacìan presiòn sobre el piso y relizaba un balance que se actualizaba permanentemente en las pantallas de sus computadoras, desglosado en coloridos gràficos diarios, mensuales y anuales. Lo cierto es que a Chan Yip ese muestreo no lo satisfacìa por completo y a veces eran temas de discusiòn que una misma persona atravesara varias veces la lìnea o que la cruzara en diagonal bajando hacia la calle para sumergirse en el enjambre de automòviles, bicicletas y motos o para tomar un taxi. Por el contrario Nick opinaba que todos los transeùntes eran potenciales clientes màs allà del erràtico transitar que pudiesen adoptar y era importante que figurasen en la estadìstica.
Chan Yip habìa optado por realizar su propio conteo aunque fuese trabajoso, sumar parciales y sacar conclusiones. Inclusive llegò a tener en cuenta segundas y terceras variables como si vestìan ropa informal o etiqueta, si los cuerpos eran obesos o delgados, si iban a cabeza descubierta o llevaban algùn sombrero o gorra. Con estos ejercicios visuales èl consideraba, segùn sus propios dichos, que entrenaba su ojo para saber ver buenas prendas.
En otro aspecto de su vida su sensibilidad por la estètica lo habìa convertido en un consumidor de objetos de arte. Su colecciòn de pinturas era importante y en su casa no faltaban las esculturas abstractas. El "Fragmento Nº37, Pieza Texturada" de Cristian Figueras era su tesoro màs reciente y encerraba una fuerte dosis de espectativa que lo mantenìa pensando en posibilidades sobre la totalidad de dicha obra. Esa noche la observò con màs detenimiento que nunca hacièndola girar en sus manos, con la certeza que encajarìa en la parte superior ya que dos de sus caras estaban trabajadas, una de ellas con salientes convexas y la otra con esgrafiados en altorelieve.
Terminò de armar su attachè, similar a los que utilizan los fotògrafos para llevar sus equipos, colocàndola en el centro casi con exagerado cuidado. Agregò el certificado de autenticidad en el bolsillo adjunto para poder pasar sin problemas los controles aduaneros y salìo rumbo al encuentro de Nick Chai quien llevarìa otras dos piezas. En el aviòn beberìan unos tragos para relajarse durante el vuelo.

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