Sullivan

jueves, diciembre 21, 2006

Capìtulo 6

El señor Kurkis


De los venticuatro coleccionistas que habían adquirido los fragmentos que conformaban la obra "Continente" John L. Kurkis se vanagloriaba de haber sido quien efectuara las primeras ofertas importantes en la subasta para quedarse con dos de esas estupendas mini-obras, eligiendo entre las que más lo habían impactado. Conocía a la perfecciòn la trayectoria de Figueras en todos los ámbitos, fruto de investigaciones que había realizado consultando diversas fuentes. Recopiló publicaciones de libros y catálogos. Siguió el devenir de las cotizaciones en revistas especializadas como Art Now, Experience y Latin Art.
El señor Kurkis era metódico cuando su objetivo era incorporar nuevas piezas a su colección y si para ello tenía que seguirle los pasos a una obra en particular por intrincados laberintos lo hacía aún con mayor entusiasmo. Una vez que consguía lo que quería lo atesoraba protegiéndolo con esmero, de una manera muy curiosa. Ubicaba la nueva adquisición entre tantas otras, en medio de una especie de mar de objetos totalmente disímiles y sin relación de parentesco. De ese modo lo nuevo se fundía en lo antiguo saliendo casi por completo de la vista del espectador como una planta más dentro de un jardín superpoblado de especies exóticas.
Aquella mañana nadie hubiese notado que faltaban las dos piezas escultóricas doradas del estante de roble. A escasa distancia quedaban estatuillas de plata de esbeltas figuras danzantes, un globo terraqueo con arco de bronce y pie de madera, antiguos jarrones chinos, grandes geodas partidas rebosantes de cristales de amatista, un relieve cerámico abstracto de un artista peruano contemporáneo. Como fondo se apreciaban los chorreados de pintura de un cuadro de Jackson Pollock en tonos de amarillo, negro y azul. Esta descripciòn, limitada a unos pocos metros cuadrados del living, era la muestra de este enjambre por demás ecléctico que se extendìa a todo el espacio de la sala , a las habitaciones e inclusive al garage, al punto de poder apreciarse en más de una oportunidad su automòvil pasando las noches a la intemperie.
Basados quien sabe en qué teoría algunos de sus amigos le habían sugerido que una mudanza a una casa màs espaciosa serìan la solución para las cuestiones relativas al orden en el universo del señor Kurkis. La teorìa quedó desmentida cuando instalado en una nueva propiedad ubicada en las afueras de Somerville , ciudad del estado de Nueva Jersey, y con el doble de superficie que su casa anterior todo espacio aprovechable volviò a llenarse en un horror vacuit pocas veces visto. La gran sala principal era lo màs parecido al Salòn Carrè del Palacio del Louvre en el siglo XVIII con las paredes repletas de cuadros hasta la altura del techo, unos sobre otros y sin criterios de combinaciòn ni estilos en común.
Màs allá de estas cuestiones, había dos temas que intranquilizaban a John Kurkis respecto a su viaje al Brasil. La primera era su temor a sacar las esculturas fuera de su ámbito natural para trasladarlas en un viaje tan largo y a un lejano paìs. Tan solo lo motivaba la curiosidad por ver la obra ensamblada y saber qué lugar ocupaban las piezas que él poseía.
La segunda era la imposibilidad de llevar alguna de sus armas favoritas para sentirse seguro en un territorio poco conocido. La solución la había encontrado contactándose con un primo que le proveería lo que él necesitaba sin mayores complicaciones en Sao Pablo.
Ese hombre delgado y de baja estatura, de pelo negro y aspecto lejano al paradigma del biotipo del american way of life cerró sus valijas y tomó un taxi hasta el aeropuerto de la ciudad.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

piioiiiuu

04 abril, 2007 19:06  
Blogger Emir Satra Al Rajab said...

Hola Marceee!!!! Que bueno encontrar mensaje tuyo loco!!! Espero que tus cosas anden bárbaro. Yo estoy atravesando una desintoxicación autoimpuesta, gracias a la cual recuperé la voluntad de contactarme con mis viejos afectos y me permitió también volver a escribir algunas cosas. Qué alegría también tener noticias de Chala, si lo ves dale saludos; me gustaría que nos veamos este fin de semana. Contame qué andas haciendo y cómo anda Claudia. El otro día revolviendo viejos papeles encontré un mail impreso que me mandaste en octubre del 2004. En el mismo me recomendabas adquirir un celular para recuperar el contacto con la gente; también me recomendabas rezar. Con respecto al primer consejo, te cuento que la semana pasada me compré un celular pensando en lo que me habías dicho; con respecto al segundo, todavía no te di bola: gracias a dios soy ateo, jeje. Mandame pues tu número y también tu mail, ya que en mi casilla hay algunos, pero no sé cual está vigente. Vengo siguiendo tu novela con interés creciente. Debo confesarte que al comienzo, si bien la prosa me pareció realmente impecable, la trama no había logrado atraparme por completo. Pero a partir del tercer o cuarto capítulo comencé a vislumbrar algo groso de verdad. Kurkis me cautiva, y el argumento es muy ingenioso. ¿Cómo diablos la llevas a la novela? Dejame entrar a la cocina y contame si la vas inventando capítulo a capítulo o si ya la tenés ideada y simplemente te sentás a transcribirla. ¿Ya sabés el final? Si querés chusmear qué cosas hago a diario, entrá en http://vayansetodosacagar.blogspot.com . Salvo alguna que otra letra que debí cambiar en los nombres propios (a fin de no herir posibles susceptibilidades) así como el lugar en donde se desarrolla la acción, el resto es completamente verídico, como te podrás dar cuenta de a poco. Te mando un fuerte abrazo y espero verlos pronto. JC.

03 julio, 2008 19:03  

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